En 1909, el pionero de la aviación Alberto Santos-Dumont presentó una de las aeronaves más ligeras y elegantes de su tiempo: el Demoiselle, un pequeño monoplano diseñado para ser sencillo, ágil y accesible. Se pilotaba de manera similar a un planeador motorizado y estaba construido con un ligero armazón de bambú que le otorgaba resistencia sin añadir peso innecesario. Sus alas, de aproximadamente cinco metros de envergadura, le permitían deslizarse con suavidad por el aire. Por su diseño innovador y su ligereza, el Demoiselle es considerado uno de los primeros aparatos de su tipo y un precursor de lo que hoy conocemos como ultraligeros, simbolizando una etapa en la que la aviación comenzaba a volverse más simple, cercana y llena de posibilidades.