El británico Sir George Cayley logró en 1853 uno de los avances más significativos en la historia temprana de la aviación al elevar a un hombre a bordo de un planeador monoplano de su diseño. La aeronave incorporaba ruedas similares a las de un carro, pensadas para facilitar el desplazamiento y la toma de impulso antes del despegue, un concepto adelantado a su tiempo. El vuelo, aunque breve —apenas cinco segundos—, marcó un hito histórico. El planeador fue lanzado desde lo alto de una colina y permaneció en el aire mientras duró el impulso inicial. Sin embargo, el peso adicional de las ruedas dificultaba su desempeño, haciéndolo más pesado de lo ideal. A pesar de sus limitaciones, este experimento sentó bases fundamentales para el desarrollo posterior de aeronaves más eficientes y estables.