En 1905, Ernest Archdeacon desarrolló un singular planeador montado sobre una bicicleta, inspirado en principios aerodinámicos atribuidos a antiguos diseños chinos, donde se incorporaban superficies similares a alas para mejorar la estabilidad. Su propuesta buscaba experimentar con el equilibrio, la sustentación y el control en tierra antes de conquistar plenamente el aire. Este ingenioso artefacto no solo representó un paso audaz en los albores de la aviación, sino que también sirvió como antecedente para desarrollos posteriores, entre ellos el monoplaneador de John Joseph Montgomery, contribuyendo así a la evolución temprana del vuelo controlado.